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Vacunas: la injusticia de la justicia

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Vacunas: la injusticia de la justicia
Vacunas: la injusticia de la justicia

Atención, nos encontramos ante un hecho muy grave: se ha descubierto que la temperatura mundial aumenta a medida que desaparecen los piratas… No, perdón, que los ahogamientos en piscinas aumentan a medida que Nicolas Cage hace más películas… No, otra vez, que los casos de autismo aumentan cuantas más vacunas se ponen.

La relación entre el consumo de queso mozzarella y el número de doctorados en ingeniería civil en Estados Unidos en los últimos años deja claro que debe haber una relación entre ambos datos, ¿no? Lo mismo ocurre con la edad de las últimas Miss América, la cual prácticamente coincide con el número de asesinados utilizando como arma homicida objetos muy calientes o vapor.

¿Suena ridículo? Desde luego, pero esto que debería ser una simple broma es, tristemente, una reivindicación de un viejo principio científico que, asombrosamente en pleno siglo XXI, muchos todavía ponen en tela de juicio. Y este principio no es otro que la correlación no implica causalidad, es decir, que porque dos cosas ocurran a la vez no significa que estén relacionadas. Para asumir una hipótesis así se recurre al método científico, el cual exige un intenso proceso que pone a prueba una idea hasta que todos los resultados obligan a aceptarla como un hecho. No se trata de una mera cuestión estadística.

Según el Oxford Dictionary, el método científico es "un método o procedimiento que ha caracterizado a la ciencia natural desde el siglo XVII, que consiste en la observación sistemática, medición, experimentación, formulación, análisis y modificación de las hipótesis". Es decir, se parte de una hipótesis que creemos correcta y mediante observación, medición y empirismo terminamos aceptándola, modificándola o descartándola.

Por dejar esto claro, el método científico se basa en dos conceptos básicos: reproducibilidad y refutabilidad. Por un lado, toda hipótesis ha de ser reproducible en cualquier momento y lugar y por cualquier persona que reproduzca las mismas condiciones para que pueda darse por cierta. Por el otro, cualquier proposición científica es susceptible a ser refutada, es decir, descartada, en el momento que nuevas pruebas indiquen su falsedad. De esta forma, la ciencia adquiere un método de trabajo que está por encima de las modas, de las creencias y de los sesgos de la sociedad e incluso de la propia comunidad científica.

Durante la Navidad de 1998, un paciente francés se vacunó contra la hepatitis B. En el verano de 1999 comenzaron los síntomas de una esclerosis múltiple que le hizo empeorar progresivamente hasta fallecer el 30 de octubre de 2011. Sus herederos están luchando en los tribunales para probar que existe una causalidad en esta correlación de hechos. Causalidad que, a día de hoy, no está demostrada. Y es aquí donde salta la polémica: el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha decidido que la farmacéutica, Sanofi Pasteur, indemnice a los herederos del paciente. Esto ha ocurrido pese a que ninguna prueba científica apunta a una relación entre ambos hechos. Ninguna.

Es cierto que el Tribunal de Justicia europeo exige para este tipo de sentencias "indicios sólidos, concretos y concordantes", pero estos, aunque puedan parecer suficientes, se alejan de la objetividad del método científico (reproducible, refutable y libre de sesgos). Y es por ello que los perniciosos antivacunas están, lógicamente, frotándose las manos. Esta insólita sentencia le da alas a su peligroso movimiento, ya que ahora no necesitan pruebas científicas que avalen sus teorías frente a la ley. Para que se den por ciertas susmentiras solo deben demostrar que son argumentalmente sólidas ante un tribunal nocientífico.

Es preocupante, realmente espantoso, este desprecio por los mecanismos científicos más básicos en muchas de las más altas instancias europeas, ya que dicho desconocimiento pone en riesgo la salud de millones de personas.

Nos queremos sumar a las iniciativas que están adoptando los gobiernos italiano y francés de hacer obligatoria la vacunación de los menores. No vacunar a tu hijo no es sólo una inmensa irresponsabilidad hacia él, sino que va en contra del bien grupal, ya que por culpa de lo movimientos antivacunas están reapareciendo focos de enfermedades que estaban prácticamente erradicadas.

Para concluir, le dedicamos al Tribunal de Justicia de la Unión Europea nuestra propia versión de la famosa cita de Bill Clinton: "¡Es el método científico, estúpido!".

Dr. Alfonso Carmona

Vicepresidente 1º RICOMS

Artículo publicado originalamente en Diario de Sevilla.





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